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Página principal  »   Cervezas del sur de bélgica  »   Las cervezas trapenses

 Las cervezas trapenses


“Aquel que se arriesgue a beber cervezas trapenses en exceso, será inexorablemente fulminado”.
(Dicho de los monjes trapenses)
 

Descubrir el secreto de las cervezas trapenses no es fácil. Se elaboran a partir de recetas muy antiguas y bien guardadas por los monjes de la orden de los cistercienses. Pero ¿de dónde proviene el nombre “trapenses”? Históricamente los monjes trapenses se unieron a la abadía de la “Grande Trappe”, en Normandía: de allí su denominación “trapenses”.
 
Son cervezas protegidas y con nombre propio, no cualquier abadía puede fabricar cervezas trapenses. Deben cumplir con diferentes requisitos como por ejemplo el ser elaboradas bajo el control de religiosos pertenecientes a la orden de los trapenses dentro del recinto de una abadía cisterciense. ¿Y por qué empezaron a fabricar cerveza? El origen de los cerveceros trapenses se remonta a una reforma que permitía a los monjes consumir la bebida de la región en caso de que el agua no fuera potable. En nuestras regiones pudieron escoger entre la leche desnatada, la leche batida o la cerveza, e hicieron ¡la mejor elección! Hoy en día, sólo seis abadías cerveceras en el mundo tienen derecho a llevar la denominación de origen de las cuales tres se sitúan en Valonia y producen varios tipos de cerveza: rubias, dobles, negras y triples.

CHIMAY,
la Abadía Notre-Dame de Scourmont (Henao),
“¡El Bourgogne de la cerveza!”

La Abadía de Chimay fue creada en 1850 por una pequeña comunidad trapense, en una meseta situada sobre una capa freática muy pura. La elaboración de la cerveza empieza en 1862 con el fin de atender las necesidades de los monjes y de mantener el nivel de empleo de la zona. Fueron los primeros en comercializar su cerveza fuera de su recinto. Sus cervezas se caracterizan por su personalidad propia. La abadía ya no es accesible al público aunque se puede asistir a la fase del embotellado.


ROCHEFORT,
la Abadía Notre-Dame de Saint-Rémy (Namur),
Un tesoro discreto.



La Abadía Notre-Dame de Saint Rémy, escondida en medio de hermosas colinas, a las puertas de las Ardenas, fue fundada en 1230 por Gilles de Walcourt, señor de Rochefort. Al principio fue habitada por monjas que más tarde, en el siglo XVI, serían sustituidas por monjes cistercienses. Disuelta y confiscada durante la Revolución Francesa, la mitad de los edificios fueron destruidos pero un grupo de monjes la reconstruyó y se reinstaló en 1887. La fábrica de cerveza actual data de 1899, y las nuevas instalaciones, de 1960, fecha en la que los monjes empiezan a comercializar su cerveza. La producción es limitada, debido a su ética y no es posible visitarla. Uno de los secretos de fabricación es la pureza del agua, sacada a cientos de metros de profundidad.

ORVAL,
la Abadía Notre-Dame d’Orval (Luxemburgo belga),
escondida en el bosque más meridional de Bélgica.

Todo empezó en el año 1070 cuando unos monjes benedictinos procedentes del sur de Italia se instalaron en pleno bosque de Gaume, el más meridional de Bélgica. Los edificios se adaptaron a las necesidades de la orden cisterciense en 1132. El S. XVIII fue el más floreciente de la abadía que fue destruida durante la Revolución Francesa. Hubo que esperar hasta el año 1926 para ver reaparecer un nuevo monasterio cuya construcción acabó en 1948. La actividad cervecera se reanudó en 1931. Produce exclusivamente un tipo de cerveza, combinando las técnicas alemana e inglesa “dry hopping” (lupulización en crudo) dando lugar a la cerveza más lupulosa de Bélgica.

Hoy en día, aunque la abadía actual no se puede visitar, vale la pena acudir al sitio para admirar la belleza del conjunto de vestigios de los antiguos edificios.

 

 
 

 
 

 

 

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