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Capital europea de la caza y
la naturaleza, Saint-Hubert
no puede esconder su
prestigioso pasado.
Actualmente, Saint-Hubert es
un agradable centro estival
rodeado de hermosos bosques,
que ofrece, además de su
espléndida basílica, una
excelente gastronomía. San
Huberto fue en el año 683 un
joven príncipe
despreocupado, amante de la
caza. Se disponía a matar un
ciervo un viernes santo
cuando una cruz luminosa
apareció en el bosque: así
entró en un monasterio y más
adelante se convirtió en
príncipe-obispo de Lieja.
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