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“Sediento de progreso está el
hombre, pero también de cerveza.”
(dicho belga).
La cerveza es el mejor representante
gastronómico de Bélgica. En nuestro
país se producen más de 500 cervezas
diferentes en un amplio abanico de
sabores y perfumes que pueden
conquistar hasta al más reticente.
Ningún país en el mundo puede
jactarse de poseer tantas variedades
de cerveza, algunos dicen que aquí
uno se encuentra en el “Reino de la
Cerveza”.
Una cosa es cierta, en Bélgica, la
cerveza es mucho más que una simple
bebida. Forma parte de nuestro
patrimonio, de nuestra tradición.
Tomarse una cerveza entre amigos es
una invitación a la buena
convivencia. Un político belga
decía: “ El aficionado al vino habla
con su vaso, el aficionado a la
cerveza habla con su vecino”.
Ya sea rubia o negra, ambarina o
afrutada, amarga o dulce, la cerveza
nunca revelará todos sus secretos.
Su nombre, su gusto y su sabor
revelan rasgos de su región natal y
están íntimamente vinculados a las
leyendas locales.
Mientras que Bruselas destaca por su
Gueuze, fruto de una larga tradición
de fabricación artesanal en el valle
del río Sena, Valonia nos ofrece una
multitud de cervezas de carácter
elaboradas con las aguas de sus
manantiales de una pureza
excepcional.
Hoy en día el gusto por los
productos característicos, de
calidad y auténticos da a la cerveza
belga la oportunidad de enseñar toda
su originalidad.
El número de fábricas artesanales y
familiares de cerveza no deja de
aumentar. Los artesanos de la
cerveza son verdaderos apasionados
de su actividad y perpetúan una
larga tradición cervecera. Defienden
la identidad de su fábrica y de sus
cervezas en el seno de un mercado
internacional dominado por grandes
grupos cerveceros.
Compartir su pasión con el visitante
es uno de los deseos de los
cerveceros artesanos que les abren
sus puertas con el fin de despertar
todos sus sentidos.
Le aconsejamos que se ponga en
contacto con las fábricas de cerveza
antes de ir a visitarlas porque la
mayoría de ellas sólo se pueden
visitar con reserva previa.
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