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En 1666, los Países Bajos españoles,
considerando malas las pretensiones
expansionistas de Luís XIV,
decidieron dotar el pueblecito de
Charnoy de una plaza fuerte. Ésta
adoptó el nombre de Charles-Roy en
honor al Rey de España Carlos II. Al
año siguiente, Francia se apoderó de
la ciudad, que fue habilitada según
la ingeniería militar de Vauban,
diseñando el actual Charleroi, con
su ciudad alta y su ciudad baja y su
plano hexagonal con el trazado
concéntrico de las calles, que
representa el ideal de la cultura
humanista.
Charleroi es la cuna del cómic belga
y en ella es posible encontrar a
Spirou, al Marsupilami o a Lucky
Luke paseando por el centro o en el
metro. En el ámbito arquitectónico,
Charleroi también cuenta con un rico
patrimonio modernista. Muchos
barrios, en efecto, fueron
urbanizados hace menos de un siglo y
ofrecen agradables sorpresas a los
visitantes.
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